14/03/09

Un milagro por 1,12 $

Aunque no creo que esta historia sea real, sirva como un pequeño cuento

Esto sucedió en una pequeña ciudad de Estados Unidos: Tess, una niña de ocho años, oyó a sus padres comentar angustiados que Andrew, su hermano menor, necesitaba urgentemente una operación pero no tenían dinero para costearla. “Sólo un milagro podrá salvarlo” dijo llorando la madre. Tess se fue a su cuarto y de un frasco donde guardaba sus ahorros sacó las monedas y contó un dólar con doce centavos.


Con todo su capital, la niña se fue para la farmacia, donde el dueño estaba ocupado conversando un elegante señor. Sin dar mayor importancia a la niña le preguntó secamente “¿Qué deseas? Estoy ocupado hablando con mi hermano que acaba de llegar de Chicago”. La chiquilla le respondió “Mi hermano menor está muy enfermo y quiero comprar un milagro”. El hombre, suavizando el tono le preguntó: “¿Qué dices?”, y la chiquilla explicó: “Mi padre dice que la única manera de salvar la vida de Andrew es con un milagro, y como él no tiene dinero yo sí puedo pagarlo: ¿cuánto vale un milagro?”. El farmacéutico conmovido le respondió: “Lo siento, pequeña, pero aquí no vendemos milagros”.

El señor elegante, que había escuchado en silencio toda la conversación le preguntó a la niña: “¿Qué tiene tu hermano?” y ella explicó: “Mi padre dice que tiene algo creciéndole dentro de la cabeza, y si no se le opera pronto va a morir. Yo tengo un dólar con doce centavos para pagar la operación”. “Pues que coincidencia – le replicó el señor- pues un dólar con doce centavos es el precio de un milagro para un hermano menor. Dame el dinero, y vamos a tu casa para conocer a tus padres y ver a tu hermano”.

Así lo hicieron, y el hombre elegante resultó ser el doctor Carlton Armstrong, famoso neurocirujano, quien operó con todo éxito a Andrew de un tumor en el cerebro, en una delicada intervención que costó el capital de un dólar con doce centavos, más la fe de una niña.